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Un asistente de compra que sabe decir «no lo sé»

· 6 min de lectura · Por Ray Rodríguez, founder de Findalo

La objeción número uno cuando le enseñas un asistente de IA a un comerciante no es el precio. Es esta: «¿y si se inventa algo?».

Es una objeción buena. Un asistente que le promete a un cliente un envío en 24 horas que tú no haces, o que le asegura que un producto es apto para celíacos sin que nadie lo haya comprobado, no es una función: es un problema legal con una carita simpática.

Este post cuenta cómo está hecho el nuestro para que eso no pase, qué hace cuando no sabe algo —que es la parte interesante— y cuándo no deberías contratarlo.

Habla de tu catálogo, no de internet

La diferencia de fondo con un chat genérico al que le pegas tu web es de dónde saca lo que dice.

Nuestro asistente usa exactamente el mismo índice que tu buscador. Los mismos productos, los mismos precios, el mismo stock, los mismos idiomas, actualizado por la misma sincronización. Cuando recomienda algo, recomienda una referencia tuya que existe y que se puede comprar en ese momento.

Eso tiene dos consecuencias prácticas. La primera es que no hay un segundo catálogo que mantener ni que volver a subir cuando cambias precios. La segunda, más importante: no puede recomendar lo que no vendes, porque no lo tiene delante.

Además lee las páginas de tu tienda donde están las condiciones: envíos, plazos, devoluciones, garantía. Son las preguntas que más recibe cualquier asistente de una tienda, y sin eso el chat es un guía turístico que no sabe cómo se llega a ningún sitio.

Lo que pasa cuando no sabe

Aquí está lo que nos parece más valioso, y es justo lo contrario de lo que se suele vender.

Cuando alguien pregunta algo que no está ni en tu catálogo ni en tus páginas, el asistente dice que no lo sabe y ofrece la salida que corresponda: otra forma de buscarlo, o hablar con una persona.

Y esa pregunta queda anotada.

La lista de lo que el asistente no supo responder es, en la práctica, el informe de lo que le falta a tu tienda. No lo que tú crees que falta: lo que tus clientes preguntaron de verdad, ordenado por cuántas veces lo preguntaron. Hemos visto esa lista convertirse en tres párrafos nuevos en una página de envíos y en la desaparición de una categoría entera de consultas al correo de atención.

Un asistente que nunca dice «no lo sé» no es mejor. Es uno que no te está contando cuándo se lo inventa.

Conversación con el asistente de compra en una tienda de cosmética: el comprador pide un regalo para una piel muy seca y sin perfumes fuertes, y el asistente propone dos productos del catálogo con su precio; después pregunta por el envío gratis y el asistente responde con la condición de la tienda.
Una conversación real: el asistente recomienda productos del catálogo y responde la condición de envío con el dato de la tienda, no con uno inventado.
Pantalla del panel con la cola de preguntas que el asistente no supo responder, ordenadas por cuántas veces se hicieron, cada una con un botón para responderla.
Las preguntas sin respuesta, ordenadas por frecuencia. Cada una se puede responder desde aquí, y esa respuesta pasa a formar parte de lo que el asistente sabe.

Dónde vive en tu tienda

En dos sitios, y conviene distinguirlos porque se confunden.

Uno es el chat: el comprador pregunta con sus palabras, el asistente repregunta lo que necesite y acaba proponiendo productos concretos. Es la conversación que tendría con tu dependiente.

El otro es el bloque de ayuda en la ficha de producto: el cliente está mirando algo concreto y tiene una duda sobre eso, sin querer abrir una conversación. Es donde más se usa y donde menos se espera.

Qué cuesta

El asistente de compra viene incluido desde el plan Business (149 € al mes). Y si estás en Starter o en Pro y lo quieres sin cambiar de plan, se contrata suelto por 49 € al mes, desde tu panel, en dos clics, y se quita igual.

Es la única función que vendemos a la carta, y hay un motivo: es la que más gente quiere sin necesitar el resto del salto de plan.

La comparación que importa no es contra no tener nada, sino contra la alternativa habitual, que es contratar un chat de IA por separado y pegarle tu catálogo. Eso son dos suscripciones, dos sitios donde mantener los precios y dos oportunidades de que se desincronicen.

Cuándo no lo contrates

Tres casos, y los decimos antes de cobrar.

Si tu catálogo está mal descrito, el asistente va a ser malo. No es una opinión: si tus fichas tienen nombre y dos líneas, no hay información con la que responder «¿esto sirve para piel sensible?». Lo notarás enseguida, porque la lista de preguntas sin respuesta va a estar llena de cosas que sí vendes.

Si tu catálogo es muy pequeño, no hace falta: con doscientas referencias, una buena navegación y un buscador decente cubren lo mismo.

Y si lo que necesitas es atención al cliente —estado de pedidos, incidencias, devoluciones ya iniciadas—, esto no es eso. Es un asistente de compra: ayuda a elegir. Para el resto necesitas a una persona o a otra herramienta.

Antes de decidir

Si quieres verlo con tus productos, lo montamos con tu catálogo y te pasamos el enlace, sin coste. Así ves el tipo de preguntas que resuelve con tus fichas reales, que es lo único que responde de verdad a la duda.

Escríbenos y lo preparamos.

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